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Brescia altomedieval y romanico-gótica

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Monastero di San Salvatore - Santa Giulia

Con la disolución del Imperio Romano Brescia también es invadida por tribus de bárbaros: en 452 los Hunos, conducidos por Atila, saquearon la ciudad y los restos romanos muestran todavía las señales de las devastaciones y de los incendios.

Caído definitivamente el Imperio Romano de Occidente, en Brescia se suceden en el curso del siglo VI el dominio de los Godos y de los Bizantinos hasta que, en 569, la ciudad cae en las manos de los Longobardos, convirtiéndose después en uno de sus ducados más importantes. La ciudad conoce bajo este dominio un período de gran vitalidad: permanece activo el puerto brixiano (que quizás estaba en la actual via Mantova), atraque para los barcos que transportaban sal y mercancías por el Po; se instalan importantes centros cíviles y religiosos, como el complejo monástico benedictino femenino de San Salvatore-Santa Giulia, surgido en 753 por deseo del rey Desiderio y de su mujer Ansa. Aquí se refugia y muere de dolor su hija, la manzoniana Ermengarda, repudiada por el rey de los Francos Carlo Magno. El sucesivo dominio de los Francos durará cerca de un siglo, hasta finales de 888, y después, con la disgregación del Sacro Imperio Romano de Carlo Magno, Brescia vivirá momentos oscuros, difíciles, de contiendas sangrientas. Son también años de encendidos debates y de renovación religiosa: predica contra la corrupción del clero el monje rebelde agustiniano Arnaldo de Brescia, ajusticiado en el 1155.

En 1090 Brescia se erige en libre municipio,  guelfo entre las gibelinas Bérgamo y Cremona y por esto siempre atormentada por guerras fronterizas. Éstas son interrumpidas sólo por peligros comunes como la invasión de Federico I que, en 1162, ordena el abatimiento de las murallas y de las torres de la ciudad. En la lucha contra el Barbarroja participa en la Liga Lombarda, demuestra coraje y tenacidad, dotes que manifiesta también cuando no cede al asedio al cual Federico II la somete sin éxito durante 66 días (3 agosto-9octubre 1238).

** Es, este el de los municipios, un período de gran actividad urbanística: en dos siglos se produce un  cambio radical del ornamento urbano. Se refuerzan y se amplían las murallas con una primera circunvalación entre 1174 y 1196 y una segunda, levantada entre 1237 y 1254, que permanecerá intacta en el trazado hasta finales del siglo XIX. Éstas, circundando un área urbana de casi dos kilómetros cuadrados, encierran y defienden de bandidos e invasores los cuchitriles de los habitantes de los suburbios y los numerosos conventos e iglesias con sus campanarios que habían sido erigidos por fuera del antiguo trazado romano.

Después de 1220 se establecen en la ciudad religiosos de la orden de los mendigos (franciscanos, carmelitanos, dominicos y agustinianos) que, apoyados por el ayuntamiento construyen en el área urbana otros edificios sagrados; ejemplos relevantes son la iglesia y el convento de San Francesco d’Assisi (1254-1265).

Artesanos y comerciantes viven en suburbios localizados en el suroeste del centro civil y religioso, atravesados por riachuelos de agua utilizados como fuerza motriz, y ocupan pobres habitaciones de madera o casas altas agrupadas de hasta seis plantas. En la planta calle se abren sus tiendas, mientras las plantas superiores terminan con  las baldresche, buhardillas abiertas o barandas, utilizadas para tender las pieles o las lanas a secar (todavía hoy se pueden reconocer algunas en el barrio del Carmine).

En 1172 el gobierno municipal abre, en un área ocupada por huertas y pastos, el mercado nuevo (hoy plaza Tebaldo Brusato). En el corazón de la ciudad, en la plaza principal, correspondiente a la actual plaza Pablo VI, la fuerza económica y política de Brescia queda reflejada en una construcción de gran relieve: la edificación del Broletto con la torre del Popolo (1223-27), uno de los palacios municipales lombardos más interesantes. También se erige, sobre los restos de la basílica hiemal de Santa María Maggiore, la Rotonda (Duomo Antiguo) ejemplo grandioso, aunque de formas simples y severas, de catedral románica donde se conservan los restos de Berardo Maggi, obispo y señor de Brescia que consigue calmar entre 1298 y 1308 las luchas civiles entre las facciones internas que destrozaban la vida política de la ciudad. Después de su muerte se retoman las hostilidades entre guelfos y ghibelinos y la ciudad pasa a manos de potencias y señores como los Visconti y los Malatesta. Los primeros gobiernan hasta 1402 y construyen una estructura militar para el servicio de los señores, transforman la ciudad en una fortaleza inexpugnable, ya sea desde el exterior, reforzando las murallas y armando la cumbre del cerro Cidneo con el Castillo desarrollado entorno al Mastio del siglo XIV, o bien creando en el interior de la Cittadella Nuova, un verdadero sistema de defensa y control de la ciudad consistente en una doble cortina de murallas con almenas y torres de más de un kilómetro de longitud que, desde la cima del cerro Cidneo, seccionaba en dirección norte-sur el cuerpo urbano hasta alcanzar la cortina de murallas. A la muerte de Gian Galeazzo Visconti (1402) renacen odios entre las facciones y el capitán Pandolfo Malatesta, al servicio de la viuda de Gian Galeazzo, ocupa militarmente Brescia que durante 17 años vive como si fuese la capital de un minúsculo estado independiente. Es un período de paz y de intensa actividad cultural que culmina con la presencia de Gentile de Fabriano (cerca de 1410) llamado a pintar los frescos de la capilla del Broletto ampliado.