Comune di Brescia tourism website: useful information about what to see and where to go.

  • English
  • Français
  • Deutsch
  • Español
  • Italiano

Brescia en el Seicento

Modifica:

En el siglo XVII la alternancia de carestías y pestes (tristemente famosas aquéllas de 1630) debidas a hechos naturales y a contiendas bélicas siegan numerosas vidas y debilitan el florecimiento económico de Brescia y de su territorio.

Venecia en cambio no defiende demasiado su tierra firme preocupada fundamentalmente de salvaguardar sus posesiones en el Mediterráneo, perennemente enfrentada contra los turcos. Hacia finales del siglo XVII la decadencia de Venecia influye también en Brescia. La ciudad, por su estructura fortificada, es un baluarte inexpugnable y las guerras no se libran cerca, pero los mayores daños son provocados por el paso obligado a través de la Bassa y en torno al lago de Garda de las tropas extranjeras que se desplazan entre los diversos campos de batalla, apoderándose de cuanto encuentran. Venecia deplora y condena esta violencia frecuente y los saqueos, pero no interviene. Así hasta finales del siglo XVIII crece en los brescianos la conciencia de no estar tutelados más por la Serenísima, que no es capaz de evitar que los contendientes de la guerra de secesión española (en la cual Venecia era neutral) elijan como teatro bélico para batallas decisivas justamente las tierras brescianas.

**Después de las intervenciones radicales de los siglos precedentes, que habían rediseñado el rostro urbanístico y arquitectónico de Brescia, los siglos XVII y XVIII se caracterizan por un arreglo, sobre todo arquitectónico de la ciudad. La actividad pública se concentra en objetivos limitados y específicos (construcción de la Casa di Dio y de la antigua iglesia de San Carlo en la actual via Moretto, predisposición de la Feria fuera de las murallas a lo largo de la carretera hacia Milán). Pocas son las nuevas construcciones importantes, numerosas las reconstrucciones y transformaciones (la del Broletto la más importante) y el alzamiento de nuevas fachadas para iglesias y palacios ya existentes, caracterizadas por una búsqueda de soluciones escenográficas y por el uso de la piedra blanca de Botticino.

En este clima de decadencia y agotado fervor llega a Brescia como obispo, en 1729, el Cardenal Angelo Maria Querini, monje benedictino y ya arzobispo de Corfú, que marca fuertemente la vida religiosa y cultural de la época. Erige la Biblioteca Queriniana, que conserva todavía las decoraciones y estanterías originarias, y da impulso a los trabajos de construcción del Duomo nuevo, erigido sobre la abatida catedral de San Pietro, de Dom, que se prolongaron a duras penas desde el inicio del siglo XVII.

La fábrica del Duomo y la de la iglesia de los santos Faustino y Giovita son las dos canteras más importantes del siglo, construcciones eclesiásticas que se alejan del modelo conformista de iglesia de planta longitudinal con una sola nave con bóveda de cañón y capillas laterales codificada en Brescia por Bagnadore (S. Afra y San Domenico) y por los elocuentes ejemplos de arquitectura barroca y clasicista representados en la ciudad respectivamente por las iglesias de San Barnaba (1632-75) y de Santa Maria della Pace (1720-46).

Los palacios aristocráticos edificados en la mitad del siglo XVII retoman el modelo del XVI, pero rebuscan mayores soluciones escenográficas y teatrales, y se caracterizan por elementos (atrios, portales, verjas y jardines) destinados a crear juegos de perspectiva: el ejemplo más representativo lo ofrece el Palacio Suardi, en la actual via Trieste.