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Sobre la colina del Castillo

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Brescia el Castillo

El monte Cidneo: el Castillo, el Museo de las Armas “Luigi Marzoli”, el Museo del Risorgimento; la Iglesia de San Pietro in Olivetto.

Vías de acceso: en coche desde Piazza Cesare Battisti, por Via del Castello o desde piazzale Arnaldo siguiendo Via Brigida Avogadro; a pie desde Piazzetta Tito Speri, por Contrada Sant’Urbano, desde Via Piamarta.

La parte antigua de la ciudad de Brescia, la Brixia romana llamada así desde el  siglo I antes de Cristo por el aspecto rocoso e irregular del terreno sobre el que se había construido, está limitada al noroeste por el cerro Cidneo (245 m). Brich era el término técnico para indicar la cumbre rocosa, los lugares elevados. Y el monte, desde el cual se disfruta de un panorama espléndido de toda la ciudad, ha representado el elemento de mayor importancia para la historia urbana desde los asentamientos primitivos de la edad del Bronce hasta los umbrales del siglo XX.

Brescia, CastelloEn su cumbre ahonda sus cimientos el Castillo, llamado “Halcón de Italia” por su posición elevada respecto a la ciudad, uno de los más amplios complejos fortificados de la península con sus casi 75000 metros cuadrados rodeados por el cerco de la muralla. La antigua fortaleza veneciana- “viscontea”  domina la ciudad y sus estructuras edilicias, bien conservadas, son un testimonio de la evolución de las técnicas militares que, a lo largo del tiempo, volvieron este sistema defensivo inexpugnable trasformándolo en un perfecto instrumento de control de la ciudad por parte de los muchos “dominadores” que se sucedieron en Brescia.

Recorriendo los terraplenes que suben desde la puerta de entrada hacia la cumbre del cerro, el visitante realiza un viaje hacia atrás en el tiempo: desde la arquitectura militar del siglo XVI (inicio del período de  la  dominación véneta) hasta la del siglo XIX (período de la ocupación austríaca) hasta la muralla medieval más interna realizada por los Visconti.

El conjunto cerro-Castillo desde siempre representa una parte integrante de la ciudad. Sin embargo, hoy ir “in Castello” significa no solamente visitar el conjunto de las poderosas fortificaciones del Peñón, sino también pasear por las amplias áreas recreativas que se hallan dentro de la muralla o bien a lo largo de las callejuelas sombreadas hasta la cumbre del cerro Cidneo.

Las características naturales del lugar, aprovechadas con finalidades defensivas desde los primeros asentamientos, a lo largo de los siglos han cambiado de función. Las laderas del cerro Cidneo, antes yermas y cubiertas de piedras para permitir avistar a los enemigos, hoy resultan totalmente cambiadas.: a finales del siglo XIX fueros completamente arregladas creando avenidas arboladas y colocando monumentos y estelas; a partir de entonces el castillo ha adquirido una función pública con funciones tanto recreativas como culturales y científicas.

Desde 1988 el Mastio Visconteo, acoge el Museo Cívico de las Armas “Luigi Marzoli”, uno de los más importantes de Europa por la riqueza de sus colecciones de armas y armaduras del siglo XV y XVI y armas de fuego del siglo XVII y XVIII. El material, de gran valor histórico y artístico, está ordenado en varios sectores, divididos por épocas y tipologías. Las casi seiscientas piezas expuestas ofrecen una significativa documentación de la producción de armas tanto milanesa como bresciana, que se precia de una tradición secular.

En el Grande Miglio tiene su sede el Museo del Risorgimento en el que se exponen muchos y significativos documentos, cuadros, grabados antiguos y reliquias históricas.

Visita al Castillo: desde el antiguo puente de acceso, ahora terraplén sobre el foso excavado para que el sistema de defensa fuese más eficaz, se aprecia la estructura de las poderosas fortificaciones del Castillo. El cerco de la muralla, comenzada en 1588, durante el período de la dominación véneta (que duró desde 1426 hasta 1797, a excepción de algunos breves períodos), fue la creación de especialistas de ingeniería militar como Lorini y Savorgnan y se caracteriza por sus paredes, llamadas coltrine, que unen los bastiones (desde este puesto se vislumbran los de S. Faustino y de S. Marco.

En el centro se yergue la Puerta de ingreso construida a finales del siglo XVI reproduciendo las formas monumentales de Sammicheli, un excelente ejemplo de unión entre el arte y la ciencia militar.
Dos grandes paneles de piedra con los escudos de las magistraturas vénetas, el emblema del Dux con el gorro típico esculpido en la clave de bóveda del arco de entrada y el grandioso bajorrelieve del León de S. Marco en piedra de Istria (copia del siglo XX del original raspado)  recuerdan al dominador del imperio.Debajo del atrio se hallan inscripciones conmemorativas de acontecimientos significativos de la historia de Brescia.

Nada más entrar al cerco de la fortaleza se yergue un alto muro. Prosiguiendo a mano derecha, se alcanza la parte superior del bastión de S. Marco donde surge el Observatorio Cidneo, de 1953.Detrás del baluarte se yergue una estructura defensiva llamada caballero bajo el cual hay un pasaje transitable con cobertura en bóveda de cañón que lleva al medio baluarte de S. Pedro y a la torre de los Franceses, llamada así porque después de estallar un polvorín fue reconstruida por los franceses quienes desde 1509 hasta 1516 quitaron a los Venecianos el dominio de la ciudad.

A la izquierda se llega al amplio patio llamado de la Locomotora por la maqueta de una motriz allí colocada, delimitado al este por la Palazzina Haynau, con nombre del general austríaco que condujo la feroz represión de las Diez Jornadas (1849) contra los combatientes del Risorgimento, heroica resistencia que dio a Brescia el apelativo de “Leona de Italia”.
 

Al fondo del Piazzale della Locomotiva se encuentra la salida de la Strada del Soccorso, una pendiente adoquinada que, en parte por escalera, en parte por un túnel, desciende a un fortín inferior, puesto en defensa de una puerta. Representaba un camino “de servicio” que permitía a los asediados recibir ayuda del exterior. Fue utilizada en 1512 por Gaston de Foix y en 1849 por el general Haynau. Está superada por un sistema de fortificaciones típicas de la arquitectura militar del siglo XV: una torre cilíndrica atribuida al ingeniero Jacopo Coltrino del cual toma el nombre, la torre Coltrina, por una cañonera con bóveda de cañón y por un pequeño bastión.

Subiendo la rampa que conduce a la puerta del más antiguo cerco de murallas del Castillo, se encuentran el Pequeño y el Grande Miglio, edificios erigidos en 1597 y 1598 y destinados a almacenes de grano.

Se entra en la parte final del Castillo, de estilo medieval, a través del puente levadizo, de la primera mitad del siglo XIV, que sobrepasa la “Fossa Viscontea” en el fondo de la cual las toscas rocas de médula revelan la composición geológica del cerro. En 1337 la potente familia milanesa de los Visconti asume por un largo período la dirección de la ciudad y emprende una poderosa obra de reestructuración de sus fortificaciones. La torre de los Prisioneros, de finales del siglo XV (10) (llamada así por el uso como cárcel política que se hizo de ella en el período de dominación austríaca) delimita el recinto, junto a las torres Coltrina y de los Franceses, las tres supervivientes después de la explosión de un polvorín que en 1747 hizo desprenderse entero el lado oriental de la fortaleza.

Superado el puente levadizo nos encontramos encerrados en un segundo recinto defensivo. Se accede después de un pasaje con arquivoltas y una serie de  rampas escalonadas, al piazzale de la Torre mirabella (siglo XIII) en la cima del “cerro armado”. Excavaciones arqueológicas realizadas bajo el manto de hierba, y más tarde enterradas, han hecho visibles los restos de la gran iglesia medieval de S. Estaban, flanqueada al norte por grandes cisternas, un edificio de época romana y un martyrium tardo antiguo. El Mastio Visconteo, edificio del siglo XIV de planta rectangular reestructurado sobre proyecto del arquitecto Carlo Scarpa en 1972, fue fabricado sobre los cimientos de un templo romano del siglo I d. C, cuya amplia escalinata es visible en el interior, sacada a la luz por recientes restauraciones. Apreciables e interesantes son los frescos que adornan los ambientes de las dos plantas, algunos de los cuales pertenecientes al período de Giovanni Visconti (1343-1354). En el exterior, la torre Mirabella del siglo XIII, es la única obra de la época de los municipios, surgida sobre un edificio preexistente, como testimonia la base rectangular tardo-romana sobre la cual se eleva hasta 20 metros. Situada en el punto dominante del Castillo, desde su ápice, pero también desde el piazzale, la vista se extiende sobre el área septentrional, zona de reciente expansión de la ciudad, y se distinguen las alturas de los Alpes y Prealpes Meridionales que delimitan los valles en cuya confluencia  se encuentra el cerro Cidneo.

Descendiendo desde el Castillo hacia el piazzale Arnaldo, se encuentra la iglesia de San Pietro in Olivetto edificio de origen antiguo que muestra partes románicas, pero reconstruido al principio del siglo XVI según los dictámenes del Renacimiento lombardo. En el exterior una bella fachada crea la ilusión de una profunda entrada y confiere al edificio un carácter de robusta solidez, dando cuerpo al rigor de la trama geométrica plana diseñada sobre el proyecto. El interior, con nave única de cañón, se presenta bien articulado por la trama de las semipilastras que, sobre altos zócalos, antes de conectarse con las nervaduras de la bóveda, sostienen un arquitrabe de piedra blanca y gris. Ésta, todo un entrecruzado de coronas de acanto, figuras de fantasía e imágenes bíblicas en los elegantes frisos, es obra de un numeroso grupo de lapidarios, dirigidos por Antonio Medaglia. En el interior se conservan apreciables pinturas de Andrea Celesti (1637-1882) y de Paolo da Caylina (de alrededor de 1550). Al lado, en el interior del convento de los Carmelitanos descalzos, se pueden visitar el claustro y la sacristía.

Cerca de la iglesia, en via del Castello, se encuentran los restos de la puerta de San Eusebio, abatida en 1517, único testimonio fragmentario que queda de las puertas que se abrían en tres kilómetros de murallas urbanas romanas del siglo I d. C. A la altura de las curvas que conducen hacia el piazzale Arnaldo (Itinerario 2) son todavía visibles restos del acueducto romano que llegaba desde Lumezzane y de una torre de época augustea. La via Brigida Avogadro recalca, en la sección terminal rectilínea hacia la plaza, el trazado oriental de la muralla ciudadana, en esta zona inmutado desde la época romana.