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El Díptico de Boecio

Lun, 03/11/2014 - 14:25 -- Laura
Tipologia: 
Brescia, el Díptico de Boecio, Santa Giulia Museo de la ciudad

Concebida en su origen como díptico consular, conmemorativo de la asunción del cargo de cónsul en el 487 d.C. de Nario Manlio Boecio, padre del filósofo Boecio, la valiosa obra sufrió, con el paso del tiempo, una transformación radical, pasando del uso profano al eclesiástico.
Los dos paneles anteriores, de marfil, representan retratado al cónsul romano. A la izquierda, de pie e inmóvil, y a la derecha sentado en una cátedra presidiendo los juegos del circo. En ambas figuras, el cónsul tiene en su mano izquierda el cetro coronado por el águila con las alas extendidas, mientras que la mano derecha sostiene el mappa, es decir, el pañuelo de lino con el que, según una costumbre que se atribuye a Nerón, se daba la señal de salida de las carreras de carros.
En la representación de la tabla de la derecha el cónsul aparece justo en el momento de dar comienzo a la competición, aunque en realidad no se relaciona con ninguna escena narrativa, que solo se puede imaginar. Por tanto, es una imagen de pura representación, donde el cónsul se muestra separado del mundo (como un soberano o un santo), fijo e inmóvil con gestualidad sobria y contenida.

En el revés de los paneles, dos elegantes miniaturas de carácter cristiano, la inscripción QVOS DEO OFFERIMVS y las listas subyacentes de nombres testimonian que, en época posterior - y concretamente en el siglo VII - el díptico se volvió a utilizar integrado en la oración litúrgica de la intercesión, en ámbito eclesiástico y como memoria de benefactores de la Iglesia vivos o difuntos.
El díptico de Boecio tiene una larga historia, que algunos estudiosos del pasado han relacionado desde tiempos remotos con el ambiente bresciano; en concreto, la identificación en las listas memoriales, de los nombres de Anatalone y Filastrio, antiguos obispos de Brescia, ha permitido suponer que la Iglesia de Brescia hubiera utilizado el díptico durante siglos en la liturgia. En realidad, los nombres hoy en día son ilegibles, pues tras el desgaste se volvieron a escribir antes de que el tiempo cancelara la tinta, así que la hipótesis queda solo como algo sugestivo y no verificable.
Sin el refinamiento y el simbolismo complejo del díptico Queriniano, el díptico de Boecio muestra una escasa plasticidad y una técnica artesanal con poca inspiración; la figura del cónsul, en ambas versiones, aparece sin gracia y estática; el autor se complace en describir los elaborados bordados de las vestiduras, pero no sabe donar vivacidad a la máscara facial, que resulta ancha, aplastada e inexpresiva. Los elementos decorativos (bolsas, hojas y una pátera) han sido realizados con incertidumbre; así como la inscripción sobre el arquitrabe es poco elegante y está muy lejos de la solemnidad clásica. En cambio, las dos miniaturas de la parte cristiana del díptico son de un nivel artístico superior: la resurrección de Lázaro en el panel de la izquierda es comparable por razones de estilo y por la escena en su conjunto con la homóloga miniatura del Código Purpúreo de Rossano Calabro, del siglo VI; mientras que, los tres doctores de la Iglesia de Occidente, Jerónimo, Agustín y Gregorio, que ocupan la parte superior de tabla de la derecha, contienen en su posición rígidamente frontal, en la mirada fija y en la rígida gestualidad, rasgos de influencia bizantina.
Propiedad de los Barbisoni, familia bresciana que lo había heredado del caballero Ludovico Baitelli hacia mitad del siglo XVII, el díptico de Boecio fue expuesto por primera vez en 1717 y posteriormente fue sometido a una gran cantidad de estudios patrocinados por el cardenal Angelo Maria Querini. Este involucró a estudiosos y eruditos de toda Europa, que analizaron principalmente - sin encontrar consenso alguno - la interpretación del monograma y la inscripción epigráfica de los paneles anteriores. El Cardenal Querini, que ya poseía tanto el díptico que ahora lleva su nombre (y que en aquella época se llamaba Amatorio), como el de Lampadii, anheló durante años apoderarse también del díptico de Boecio. No lo consiguió; así como tampoco pudo, en 1757, Giuseppe Bianchini, erudito y estudioso de la antigüedad, convencer a Giulio Barbisoni de que donara el díptico al Papa Benedicto XIV, del cual habría recibido a cambio beneficios, prelaturas y un título nobiliario. Por tanto, es gracias al recelo por el patrimonio familiar que el díptico de Boecio permaneció en Brescia y no se dirigió a Roma. Tras pasar heredado por diferentes manos, el díptico fue donado por los nobles Fè al ayuntamiento de Brescia; quedó depositado en la Biblioteca Queriniana hasta 1882 y, posteriormente, fue trasladado al Museo Civico dell’Età Cristiana.

Díptico de Boecio
marfil, cm. 12,6x35
487 d.C.
Actualmente en Santa Giulia, Museo de la ciudad
 

 

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