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Mujeres que trabajan de Giacomo Ceruti, llamado el Pitocchetto

Vie, 21/02/2014 - 12:05 -- Laura
Tipologia: 
Brescia, "Mujeres que trabajan" de Ceruti

El gran cuadro es parte de un grupo de catorce lienzos que fue dado a conocer por primera vez en 1931: para entonces pertenecían a la colección de Bernardo Salvadego y se encontraban en el castillo Martinengo en Padernello, en provincia de Brescia. Sucesivamente fueron diseminados y ahora están divididos en numerosas colecciones privadas, el Museo Lechi de Montichiari y la Pinacoteca Tosio Martinengo. La individualización de este excepcional conjunto de cuadros determinó el verdadero descubrimiento de su autor, el pintor milanés Giacomo Ceruti, que hoy es considerado uno de los mayores artistas del setescientos lombardo. Notas como “ciclo de Padernello”, los lienzos debían decorar en el pasado más de un edificio de la nobleza bresciana y fueron agregados en un único conjunto en el curso del siglo XIX. Estas representan personas de condiciones humildes, retratadas en actividades cotidianas. Podrían por lo tanto ser reconducidas a la tradición de la pintura del tipo, en la cual están representadas frecuentemente escenas de la vida popular: tal tipo de pintura gozaba de gran fortuna en las casas aristrocráticas de la época, sobre todo por el tono liviano y amigable. Sin embargo, los cuadros de Ceruti dedicados a estos temas (todos concentrados en los años de su estadía en Brescia, entre el 1724 y el 1735) se caracterizan por una entonación totalmente diferente.

En el pintar mendigos, portaroli, zapateros, mujeres ocupadas en simples trabajos, niños de la calle, Ceruti no se propone contar anécdotas divertidas o de poner en escena caricaturas: él describía una condición. Subrayando que no había -ni por parte del pintor, ni de sus comisionista- una intención de denuncia social como en cambio la habrá en la pintura del siglo XIX, los estudiosos no dejan de poner en evidencia el sentido de una intensa participación humana que el artista confiere a estos escorzos de vida cotidiana: la dignidad de los personajes está acentuada por las dimensionas de las figuras, que no se presentan como manchas sino como retratos, y de la representación realista de las escenas, que no tienen el aspecto común de pintorescas y bizarras reconstrucciones sino el de instantáneas densas de realidad.
En esta pintura en particular, está representado un grupo de mujeres reunido en un interior despojado; sus sillas están dispuestas de manera casual, como si el grupo se hubiese formado con el progresivo agregarse alrededor de las dos protagonistas más maduras. A parte una niña, ninguna de ellas mira hacia el pintor. En silencio, estas están ocupadas con el aguja de media; la más vieja tiene apoyado su trabajo en una canastita y se dedica a enseñar la lectura a una niña, que le ha colocado un libro sobre las rodillas. El perfil de la mujer es huidizo y desaliñado, tal vez marcado por una malformación. Los colores apagados, jugados sobre una delicada gama que va del blanco al gris, son revivificados por toques imprevistos de violeta, rojo y anaranjado: los vestidos, dignos, presentan algún vago esbozo de pasada elegancia. Los rostros melancólicos y concentrados revelan la conciencia y el peso de una condición de dificultades. Se puede imaginar que estas mujeres viven en un instituto de beneficencia para desamparadas: la dedicación en el trabajo y en el aprendizaje están subrayadas por la elección del pintor de representar las manos en el centro de la composición y las canastas en primer plano. Tal subrayado, además, refleja plenamente la sensibilidad asistencial expresada por muchos de los comisionistas brescianos de Ceruti, que a menudo revestían cargos de responsabilidad en orfanatos y lugares píos.

Giacomo Ceruti llamado el Pitocchetto
Mujeres que trabajan
Óleo sobre tela, cm 194 x 170,5
1720-1725 aproximadamente.
 

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