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Teatro de Santa Clara

Mar, 23/09/2014 - 14:30 -- Laura
Tipologia: 
Brescia, Teatro de Santa Clara

En las laderas de la colina Cidneo se asienta el antiguo convento de Santa Chiara Vecchia, actual sede de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Brescia.
Los primeros datos certeros sobre la existencia de un monasterio en esta zona se remontan a la primera mitad del siglo XIII: de hecho, consta el 1 de agosto de 1232 como fecha en el acto en el que el obispo de Brescia Cavalcano de Salis extendió a las monjas de la Orden de San Damián establecidas en el convento de S. María de la puerta de Petriolo un privilegio otorgado por el Papa Alejandro III en Agnola. Este consistía en la exención de la jurisdicción episcopal "ecclesiam et locum S. Mariae sitam en civitate Brixiae apud Portam Pedrioli", a excepción de la consagración de la iglesia y los altares, la bendición de la priora y de las monjas y el uso de los sacramentos en el caso de que las monjas lo solicitaran. En sus puntos básicos, este privilegio fue confirmado de nuevo poco después en un documento con fecha del 29 de noviembre de 1255, en el que el papa Alejandro IV, recibiendo bajo su protección a la comunidad de religiosas, decretaba que en esta última se profesara de forma perpetua la orden monástica según la regla de San Benito y de acuerdo con las normas de San Damián ya prescritas a estas religiosas por su predecesor, el Papa Gregorio. De este documento se deduce que a las monjas se les concedía la plena posesión no solo del lugar en el que se encontraba el monasterio, sino también de todas las propiedades adquiridas o que se recibieran en donación de religiosos o laicos en el futuro. No se conoce exactamente cuando la regla benedictina dio paso a la franciscana, pero, por algunos actos de compraventa, se podría fijar este acontecimiento en el último cuarto del siglo XIII. No ha quedado ningún rastro de los edificios que constituían este primer asentamiento, ya que con el tiempo se sucedieron numerosas transformaciones y ampliaciones. La primera de estas está ligada a un hecho trágico que afectó a la ciudad de Brescia en 1508, cuando el torreón llamado Mirabella del Castello, usado como depósito de pólvora, explotó debido a un rayo, causando graves daños a la población y especialmente al monasterio de Santa Clara.

La ciudad concedió a las religiosas la reconstrucción del complejo, contribuyendo también económicamente a la obra, y en la visita apostólica de San Carlos Borromeo, en 1580, la iglesia ya se presentaba "bastante amplia, decorosa y transformada completamente". El altar mayor se encontraba consagrado pero sin rejas y además había otros dos altares laterales sin rejas también.
Unos años más tarde, a principios del 600, el sacerdote Bernardino Faino completa así la descripción del edificio que se presentaba: "no muy grande pero limpio, con tres Altares; en el primero, el más grande, hay un retablo junto con diversos cuadros al óleo realizados por Latanzio Gambara, elegantes y expresivos resultan los otros dos retablos laterales que son de Luca Mombello".
De estas pocas notas queda claro que la decoración del edificio sagrado se centró exclusivamente en la presencia, en el altar, de retablos de pintores brescianos conocidos y cotizados, de hecho, se tendrá que esperar un siglo más para apreciar nuevas e importantes mejoras ornamentales. Una planimetría de 1633 conservada en el Archivo del Estado de Venecia es el primer documento que permite restablecer la base planimétrica del complejo monástico de Santa Clara: aparecen dos iglesias, una externa y una interna para las monjas, sujetas a clausura desde 1255.
La iglesia externa es de estructura rectangular simple con tres altares, precisamente los construidos y descritos desde la visita apostólica de 1580; tiene la entrada en línea con la fachada que da al exterior, con dos ventanas orientadas hacia el norte, mientras que las dos de la iglesia interna se abren al lado opuesto, al sur, y dan a un patio con una estructura característica del siglo XVI. Los documentos del archivo muestran una serie de obras llevadas a cabo en el monasterio entre 1668 y 1672, gracias a un importante número de donaciones. No se sabe dónde se concentraron los esfuerzos de las monjas en esta fase de renovación, aunque se podría suponer por el análisis estilístico y arquitectónico que se estuviera trabajando en el segundo gran patio donde hoy se encuentra la entrada.
A principios del siglo sucesivo un libro importante de Francesco Paglia, El Jardín de la pintura, texto en prosa y poesía que describe las obras presentes en el territorio bresciano, añade nuevos detalles descriptivos de la iglesia de Santa Clara. Estaba todavía el políptico en el altar mayor pintado por Lattanzio Gambara que representaba la Asunción de la Virgen; esta obra, sin embargo, y el mismo Francesco Paglia ya lo adelanta, fue sustituida poco después, a causa de su deterioro, por otra que representaba a la Inmaculada Concepción con Santa Clara, los santos Francisco, Buenaventura y Santa Polisena, realizada por el propio escritor-pintor.
Se sabe también que había dos retablos más pequeños en los altares laterales, atribuidos a Luca Mombello, que representaban, en el lado meridional, la Natividad con María, San José, las santas Ana, Catalina V. y M., y María Magdalena; en el lado opuesto septentrional el Niño Jesús sobre las nubes con la cruz en la mano izquierda, y en la derecha las tablas de la ley con abajo San Jerónimo, San Juan Bautista, San Jacinto y San Pedro Mártir. La situación de la iglesia cambió debido a las obras de renovación y reestructuración que se llevaron a cabo en el edificio a finales de los años treinta del siglo XVIII; concretamente, dos guías de la época, una escrita por Francesco Maccarinelli titulada Las Glorias de Brescia, de los años 1747-51, y otra titulada Las pinturas y esculturas de Brescia expuestas al público del año 1760, informan sobre el estado de la decoración interna que en parte aún hoy se conserva. En 1739 Giovan Antonio Gagini, pintor de origen impreciso, aunque con seguridad no era bresciano, pintó la bóveda de cañón rebajado con frescos que representan la Gloria de Santa Clara y de San Francisco. Por otro lado, Giovanni Zanardi, pintor boloñés, pintó "las paredes y los espacios arquitectónicos en los espejos del parapeto de la orquesta". Por encima de la cornisa de imposta, donde la intersección geométrica de la bóveda crea profundos espacios abocinados, aparecen colocados 14 elementos figurativos: dos en los lados del arco triunfal (la Fe y la Justicia?), dos laterales a la ventana de contraportada (ángeles musicantes) y cinco a cada lado del aula con la alegoría central a la que se dirigen las miradas de los ángeles. La fachada que da a la calle también estuvo incluida en la intervención de embellecimiento como demuestra el elegante portal de mármol en el que se inserta una ventana delimitada por un elaborado marco en relieve. En el altar mayor estaba el retablo realizado por Francesco Paglia, mientras que del escultor Antonio Calligari eran algunos amorcillos de mármol que lo enmarcaban. Las tablas de los altares laterales se atribuyeron a Luca Montebello, a Floriano Ferramola y a Francesco Richino, de la misma escuela.
De pocos años después es la última gran obra de renovación del complejo: en 1756 se construyó la espectacular escalera de mármol construida en la ladera de la colina que culmina en un templete con la estatua de Santa Clara.
La fase histórica de las supresiones que comenzó con María Teresa y terminó bajo Napoleón Bonaparte, afectó también al monasterio de Santa Clara, que en 1804 pasó a ser propiedad del Estado, fue saqueado y utilizado como cuartel. El retablo del altar mayor fue subastado en Milán y comprado por particulares, mientras que en 1817, todo el convento fue alquilado en subasta pública al sacerdote bresciano Giuseppe Baldoni, que fundó aquí su prestigioso colegio masculino. Cuando venció el contrato de alquiler, estipulado durante nueve años, el Real Demanio, propietario del complejo, decidió proceder con la venta concediendo a Don Baldoni el derecho de prelación, y este lo ejerció.
En 1830, debido a dificultades económicas, este internado de Baldoni fue vendido a otra institución bresciana, el colegio Peroni, con la cláusula de seguir siendo sede de instrucción. La venta fue la ocasión para la realización de un relieve gráfico adjunto al peritaje de tasación, que hoy resulta un documento importantísimo para comparar el estado del complejo y del edificio religioso después de las supresiones. Las estructuras de las iglesias, la interior y la exterior, siguen siendo reconocibles, aunque se aprecia la ausencia de los altares y la construcción de una pared detrás de la contrafachada.
Aquí una brújula, tal vez de madera y colocada en la entrada, determina una nueva trayectoria de acceso, ya no hacia el aula, sino al lugar contiguo situado al sur. La iglesia externa ya no tiene acceso desde la calle: está claro que su función ahora es de lugar religioso al servicio de la institución escolástica, por lo que su accesibilidad se permite sólo desde la iglesia interna que se comunica con el claustro grande.
El complejo y la iglesia se mantuvieron así hasta 1887 cuando, como consecuencia de la reforma educativa y la reorganización de las instituciones, el colegio cerró y el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Brescia.
Mientras que el monasterio fue utilizado para albergar diversas escuelas, hasta que a principios de los años noventa del siglo pasado se decidió su destinación como sede universitaria, en cambio la iglesia vivió años de abandono total. A principios de los años setenta la ex iglesia de S. Clara se transformó en teatro dirigido por la Compañía de la Loggetta, perteneciente al CTB (Centro Teatral Bresciano) nacido en 1974 y todavía activo hoy en día. A esta fase, entre 1970 y 1990, se pueden atribuir diferentes obras de restauración de las superficies pintadas como reconstrucciones puntuales del estuco con mortero y revestimientos de purpurina, y la restauración de desperfectos en el enlucido pintado a mortero fino nivelado y retoques pictóricos superficiales.
Las paredes están cubiertas por pinturas convencionales que recubren revestimientos en cal aún de buena calidad, mientras que en el ábside, oculta por una capa de pintura removible, queda sólo la imagen de la Virgen en la luneta sobre el altar como único resto pictórico que sobrevive de la decoración del siglo XVIII. La inauguración del teatro de Santa Clara tuvo lugar en el verano de 1963 con Los gigantes de la montaña de Pirandello, dirigida por Mina Mezzadri.
Desde entonces, el teatro ha sido un referente cultural importante para la ciudad. La sala ha acogido numerosos espectáculos producidos por el CTB y firmados por directores de gran prestigio, desde la misma Mezzadri a Massimo Castri, pasando por Nanni Garella, Federico Tiezzi, Sandro Sequi y Cesare Lievi.

 

TEATRO DE SANTA CLARA
Contrada Santa Chiara, 50
Brescia